Adán, a través de su inconsciencia, removió sus sentimientos hallando un íntimo deseo, su Eva. En este sueño, producto de la animación de fotografías. Adán desea recuperar a su compañera tras una ruptura (un pensamiento inconsciente de su corazón), y lo consigue pero como imagen rota por él que se recompone. Una fotografía con vida. Ella le mira, le hace señas dentro del marco e intenta salir, pero los peligros del mundo de Adán se lo impiden. Para conseguirlo él tendrá que entrar en el mundo de ella, siendo ambos seres fotográficamente animados.«Entonces Yavé Dios hizo caer sobre el hombre un sueño letárgico y mientras dormía tomó una de sus costillas, reponiendo carne en su lugar; seguidamente de la costilla tomada al hombre tomó Yavé Dios a la mujer y se la presentó al hombre,…» (Génesis 2:21-22). El mito del sueño de Adán es también conocido como el sueño de la inteligencia, un éxtasis pasivo en el que la inactividad de la mente calma la razón. Para la creación de la mujer, que es el elemento irracional, la consciencia de Adán debía estar dormida. De esa inconsciencia nace su réplica complementaria para vivir siempre con él, procrear y protegerse. Una ayuda apropiada como mutua y recíproca. Pero en “El sueño de Adán” de Mercedes Gaspar el mito sucede de otro modo.