Ángela se despierta bruscamente de un apacible sueño. Después de su trabajo, acude a un parque a relajarse pero, allí, sólo sentarse, ya es una complicación. El aire que respiro trata de la obsesión de Ángela por volver a provocar ese sueño interrumpido, por alejarse de una realidad cotidiana simple, absurda y carente de estímulos.