Un juez ultima en su despacho una sentencia en la que exculpa a unos violadores de agresión sexual, por no haber ofrecido la víctima suficiente resistencia. Al llegar a casa, se encuentra a su hija llorando. Apenas atinará a murmurar: “Hija, a ti no”. Muchos fallos de los tribunales de justicia carecen de la mínima perspectiva de género y se ajustan a los estereotipos más reaccionarios, asociando la falta de resistencia física al consentimiento. Son víctimas convertidas en agentes de la provocación por sentencia judicial.