«Y casi en el mismo instante llegaría la bala. Le habrían destrozado el cerebro antes de que pudieran considerarlo de ellos. El pensamiento quedaría impune y quedaría para siempre fuera del alcance de esa gente. Con el tiro habrían abierto un agujero en esa perfección de que se vanagloriaban. Morir odiándolos, ésa era la libertad.» – 1984. George Orwell.