Manolo Solo es actor, pero le gusta más considerarse jugador o intérprete. Actuar es un verbo al que le tiene manía. Cree que su trabajo consiste más en jugar que en actuar, aunque el matiz de diferencia pueda parecer imperceptible. No se llama “Solo” realmente. Manolo Solo es un alias que se puso en la adolescencia y que hace tiempo dejó de gustarle. Dice que la rima le parece infantil y estúpida y que el día menos pensado se cambia el nombre. Es andaluz, aunque no tiene del todo claro si gaditano -nació en Algeciras y se crió en Los Barrios- o sevillano -se trasladó a Sevilla con siete años-.
Estudió una carrera universitaria -Ciencias de la Educación- que nunca ha ejercido -al menos conscientemente-. Quiso ser estrella de rock y no llegó ni a meteorito, aunque dilapidó gran parte de su estentórea juventud maltratando guitarras, bajos y micrófonos. Con una banda llamada Los Relicarios grabó dos discos de escueta trascendencia. De entonces a ahora ha tocado con algún que otro grupo y colaborado de vez en cuando con alguna musiquilla para las pelis de algunos amigos; cortos, sobre todo. Dice que lo cambiaría todo por ser músico, pero que el talento no le llega.
Estudió interpretación en el Instituto del Teatro de Sevilla pero lo dejó en el segundo año, aunque ha seguido formándome desde entonces en talleres y seminarios con profesores de la más variada catadura (escuela, estilo) y pelaje (pelaje). No obstante, su verdadera escuela de interpretación ha sido el trabajo, el aprender haciendo, aparte de la vida en general, o más bien de la suya en particular. Se dedicó al doblaje durante una época. Aún lo hace hoy día de cuando en vez, sobreponiéndose al pequeño conflicto -tiene bastante cintura- de sostener que las películas no deberían doblarse. Le gustan la música, la lectura, el cine y el teatro. Y viajar. Y más cosas. Vive en Madrid desde principios de siglo. Y en esas anda.
Porque no sabías que te gustaban tanto los cortos… Hasta ahora