Si hay algo inmanente al territorio ello es su transformación constante. La inmanencia es el ente intrínseco de un cuerpo; toda aquella actividad que pertenece a un ser cuando la acción perdura en su interior, cuando tiene su fin dentro del mismo ser.La sombra es la artífice de dicha inmanencia, en un territorio que se transforma inexorablemente.A través del fluir de las aguas, en su movimiento ascendente y descendente, las sombras delimitan los contornos, las estrías en un cuerpo, las líneas de un ciclo que siempre se renueva.Y dibujando así el paso del tiempo, este que escribe en la arena la historia de su paisaje, las sombras crecientes esperan la nueva subida de la marea, quizás, en su anhelo de trascendencia.