Las manos cansadas de un hombre sin rostro, el viento que corta su piel, el sol que se esconde y un casa que le espera. En la habitación principal, una mesa sirve de escenario. Varias cajas llenas de cosas descansan encima y sus manos, delicadas, empiezan el ritual. Una ceremonia que se lleva a cabo en la soledad de la noche, un juego a partir de los recuerdos y el azar, una historia de lo que fue o de lo que podría haber sido. Restos de cosas es un poema sobre el paso del tiempo y las posibilidades que guardan los objetos de toda una vida.