Cada último domingo de abril los romeros de Peal de Becerro, emigrantes de los años 60 en Barcelona y la Costa Levantina bajan hasta la aldea de Toya y allí, entre los olivares, festejan a un santo, San Marcos, meciéndole con música para que traiga agua a los yermos campos de la campiña de Peal de Becerro y las tiesas de Toya.